lunes, 29 de septiembre de 2008



¡No más pistolas!
Por Eliseo Tejeda Olmos

Ya no sabemos si es la falta de memoria o de plano que muchos funcionarios públicos les da por proponer acciones que resultan como dice el refrán: “mas caro el caldo que las albóndigas”. Tal es la propuesta que afortunadamente rechazaron los diputados locales, de dotar de armas (pistolas) a los agentes de tránsito tanto estatales y municipales.
De por algunos agentes viales se sienten la ley, pero sin venda en los ojos, para sancionar con doble intención a los automovilistas, taxistas, camioneros, motociclistas y hasta ciclistas poniendo mala cara para amedrentar escudados en el uniforme solamente, pero y no es difícil imaginar por el ciudadano, como lo harían de andar empistolados.
Prudente la postura del director de Tránsito Municipal de Veracruz, Héctor Peñafiel Parra de que no es necesario que los agentes de vialidad porten armas, pues su labor es muy diferente a la de los policías uniformados y sin uniforme, aunque reconoce que si la orden llega de “arriba”, pues habrá que obedecer.
Pero no, afortunadamente los diputados locales ahora si se pusieron atento y descartaron la propuesta del general Humberto Gamboa Martínez de empistolar a sus subalternos. Si hay problemas en el manejo de armas con los policías “capacitados”, no hay que ser adivino para pronosticar los problemas que se presentarían con agentes viales armados.
La idea no es nueva, ya en la capital del estado hubo agentes viales con pistola pero los contratiempos fueron mayores a los beneficios y se dio marcha atrás a la medida. Quizás alguno de los lectores recuerde que en el noticiero matutino más visto de la televisión abierta, se repitió una y otra vez la prepotencia con que un agente de policía y tránsito amenazó primero y disparó después en contra de un automovilista nada más por “quítame estas pajas”.
Se le detuvo gracias a un video tomado desde un teléfono celular, si no, quien sabe donde andaría haciendo de las suyas el agente de marras en el Distrito Federal, que por cierto, se enojó y resistió cuando iba a ser detenido amparado en un supuesto fuero sindical.
Si bien es cierto que necesitamos seguridad y más elementos, no es echando gasolina al fuego como se va a solucionar tan complejo problema, como es el dotar de pistolas a quien poco o nada sabe de cómo manejarlas. Por ahora la hemos librado los ciudadanos y esperamos que no se les ocurra otra medida similar a la citada líneas arriba.
Lo que si vale apuntar es que con todas las precauciones posibles, la sociedad participe activamente en la denuncia pública. No está por demás recomendar que esta se haga desde un teléfono público y NUNCA desde el de casa o celular, porque “la mula no era arisca, la hicieron así los palos”.
Ya ven, una denuncia ciudadana fue la que permitió capturar a los responsables del granadazo en Morelia. Denunciemos, si, pero con prudencia porque en este tiempo no sobran las precauciones, pero que sepan los delincuentes, grandes y pequeños, que los ciudadanos que son mayoría, ya no están dispuestos a soportar más abusos.

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lunes, 22 de septiembre de 2008



¿Y después de Morelia?
Por Eliseo Tejeda Olmos

Sesudos y profundos análisis se hacen sobre el atentado terrorista cometido contra civiles la noche del pasado 15 de septiembre en la ciudad de Morelia, el cual arrojó 8 muertos y más de cien heridos por la explosión de 2 granadas. Que si fueron los narcotraficantes de “La Familia”, que si compinches del Chapo Guzmán, o tal vez integrantes de una banda de delincuentes con otros propósitos.
Muy pocos y de manera muy ligera se han atrevido a especular si los autores del atentado fueron miembros de la ultraderecha política en el país, que acomedidos oficiosamente pretenden, sembrando el clima del terror en una entidad gobernada por un perredista, favorecer acciones sin limitación alguna de las fuerzas de “inteligencia” y militares en la entidad de la cual es originario el presidente Felipe Calderón Hinojosa.
Que ironía, un Presidente de la República con un triunfo electoral altamente cuestionado y su estado natal es gobernado por un militante del partido que más se le ha opuesto en su incipiente gestión al frente del cargo ejecutivo político más alto de nuestro país.
Lo que merecen esos mayoritariamente perredistas michoacanos, es meterlos al orden, exhibir a un gobierno del estado incapaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos y aplaudir la intromisión de las fuerzas federales –policía federal preventiva y el Ejército- para rescatar a Michoacán de las fuerzas del mal, teorizaría un extremista de la derecha.
Incluso, ya encarrerados, alentar desde el Poder Legislativo michoacano la solicitud de licencia del gobernador Leonel Godoy Rangel, quien como otros destacados perredistas es un expriista: carambola de dos bandas, ¿que tal, eh?
Suena a monstruosidad una especulación en ese sentido, pero hace años me comentó una compañera que asistió a un curso sobre política, que el profesor de la clase preguntó de entrada y sin decir agua va, que quien estaría dispuesto a matar por el poder, pocas manos se levantaron, pero si hubo quienes estuvieron de acuerdo con el sentido de la interrogante.
El profesor les explicaría que para los hombres (y mujeres) obsesionados con el poder político, no les importa matar a sus adversarios o llegar al asesinato si este sirve para sus fines políticos. La historia de México, para no recurrir a ejemplos externos, está llena de esos sucesos.
Hay quienes están convencidos de que el presidente Felipe Calderón Hinojosa es el hombre adecuado para gobernar a México. Que las dolorosas medidas económicas como son el aumento a las gasolinas, de los alimentos y el acoso fiscal a los causantes cautivos, es lo que necesita nuestro país para salir adelante.
Y explotan con violencia verbal primero y si es necesario –según ellos- hasta con la física para defender al Presidente de la República. Tan malo es el extremismo perredista como el de la derecha mexicana, peligrosos los dos extremos.
El 15 de septiembre pasado fue Morelia. En Veracruz, se reciben y reenvían correos electrónicos que a similitud de las leyendas urbanas promueven el pánico y terror entre los usuarios de la Internet. ¿Qué sigue después de Morelia?

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martes, 16 de septiembre de 2008



Políticos sinvergüenzas
Por Eliseo Tejeda Olmos

El tema no es nuevo para nadie. Ni para los que viven y sobreviven de la política, ni para el ciudadano común y corriente. Por lo regular, quienes se dedican a la política además de aprender “a comer sapos” también pierden la vergüenza si están en riesgo de perder la posición, el cargo –designado o de elección- y el poder temporal obtenido.
Estos días vemos un caso, el del alcalde de Alvarado Bogar Ruiz Rosas, quien se ha visto involucrado por declaraciones de los policías municipales que comandaba su primo Juan Carlos Valerio Ruiz. Y decimos alcalde de Alvarado, así simplemente, porque no se trata de si es panista, priista, perredista u otro partido político.
Es el alcalde de Alvarado y sanseacabó.
Ha sido un diputado de su propio partido, Antonio Remes Ojeda, quien sugirió al alcalde acusado entre cosas de nepotismo descarado por los propios ediles del Ayuntamiento que todavía preside, que pida una licencia para ayudar en las investigaciones sobre el secuestro del ganadero Juan Carlos Mata para deslindar responsabilidades.
Como saben todos los que leen periódicos, ven noticieros de televisión o los escuchan en la radio, el pariente del alcalde de Alvarado junto con otros policías municipales está acusado de facilitar e hasta participar en las tareas delictivas de los secuestradores.
Pero, para pedir licencia al cargo con el fin de ayudar a que las investigaciones se agilicen y dar la cara como ciudadano ante los señalamientos que uno de los policías detenidos hace, el alcalde Bogar Ruiz Rosas tendría que sentir vergüenza ante sus conciudadanos.
Lo peor de todo es que los diputados locales, cualquiera que sea su filiación política, tampoco emitirán un punto de acuerdo o siquiera propondrán ante la tribuna legislativa, el desafuero de un alcalde que debería estar en serios problemas éticos.
Sería interesante escuchar el debate entre los legisladores sobre la procedencia de un desafuero al alcalde que incluso habría cometido el delito de tráfico de armas al adquirir de manera presuntamente ilegal 2 pistolas, de acuerdo a lo declarado por uno de los policías detenidos.
Si es asunto político, entonces que dé la cara para que sus conciudadanos vean que pretenden involucrarlo injustamente en un delito en el que nada tiene que ver. Pero, es necesario insistir en el papel de los diputados que luego ocupan hasta más de tres horas en discutir asuntos inexistentes, como ocurrió en la pasada sesión del jueves 11 de septiembre.
Discutir sobre si un alcalde debe estar sobre la ley y actuar en la impunidad, que mal interpreta y utiliza indebidamente un presunto fuero, no sería mal visto e incluso lo aplaudirían los ciudadanos que los legisladores dicen representar, aunque, claro, ¿cómo lo van a hacer si es que entre ellos se encuentra un ex alcalde que ocupa precisamente la diputación para evitar ser llamado a rendir cuentas sobre su actuación como presidente municipal?
No hay –ni nunca la habido-, vergüenza entre la mayoría de los políticos.

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miércoles, 3 de septiembre de 2008



Las marchas por la paz
Por Eliseo Tejeda Olmos

Tienen toda la razón los ciudadanos que demandaron ayer en la marcha por la paz celebrada en Xalapa, simultáneamente con otras en diferentes ciudades de la República y el Distrito Federal, que se evite el aprovechamiento político de la protesta por la inseguridad que se extiende como un cáncer incurable en todo el país.
Lo indignante para quienes somos débiles mortales, sin cargo alguno en cualquiera de los tres niveles de gobierno, es que la corrupción entre quienes procuran y administran la justicia propicie una cada vez mayo impunidad.
Antes de los cobardes crímenes de Karina Reyes, primero y después del adolescente Fernando Martí, dejaron al descubierto para quienes disfrutan de buena posición económica, lo que sufren casi todos los días los ciudadanos comunes: atracos en su persona y sus pocos bienes materiales sin que autoridad alguna se preocupe por los sucesos.
En Veracruz, en los mismos días en que fue secuestrada y posteriormente asesinada Karina Reyes, en la misma región centro del estado, en el pequeño municipio de Totutla, cerca de la cabecera municipal, un agente viajero también fue secuestrado y asesinado.
El joven trabajador no pertenecía a alguna familia pudiente o destacada en la política local, estatal y mucho menos nacional, pero su muerte fue tan dolorosa e innecesaria como la Karina Reyes ni Fernando Martí.
Una de las quejas principales de quienes marcharon por la paz y la seguridad para todos es la corrupción que aqueja a ministerios públicos, policías ministeriales, preventivos y jueces, que lo mismo minimizan y cambian delitos para favorecer a criminales que están en contubernio o forman parte de bandas delictivas.
Ojalá y las marchas inducidas por el movimiento “Iluminemos México” rindan frutos, pero es necesario hacer más, llegar a la denuncia pública constante y la exigencia a quienes detentan el poder público de que cumplan con su obligación y no lo tomen solamente como un deber.
Se ha dejado de lado que el Estado y por ende el Gobierno, están para garantizar sin pretexto alguno, el bienestar de los ciudadanos. Por eso y para eso existen, por eso y para eso cobran impuestos y administran el dinero recaudado entre quienes trabajan.
No hay medias tintas, no están para dirigir o sermonear a los ciudadanos sobre lo que deben o no hacer, antes que autoridades son los responsables de cumplir con la primera obligación de todo gobierno: garantizar el libre tránsito y convivencia pacífica de todos, hombres, mujeres, niños y ancianos, que empresarios y trabajadores puedan llegar a su casa sin sufrir atentado alguno en las calles por las que caminan o transitan en sus vehículos.
Si no cumplen con esa obligación, no solamente deben renunciar a sus flamantes puestos en los juzgados, las policías ministeriales y preventivas, de las instancias de gobierno en cualquiera de sus tres niveles. Habrá entonces, que esperar de los ciudadanos un nuevo estado aunque digan que pensar en eso es caer en la anarquía, porque ¿cómo se puede llamar a lo que está viviendo el país en donde los delincuentes, que son mucho menos que los ciudadanos honestos, operan con toda impunidad?

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